9/3/08

Capítulo 6: "Jigsaw es más inteligente de lo que creíamos"

La mujer respiraba con impaciencia y se rascaba la cabeza repetidas veces con nerviosismo, estaba sudando, parecía afligida.
—¿Qué hora crees que sea? —preguntó— Ya quiero salir de aquí.
—No tengo idea —respondió Alberto encogiéndose de hombros— las diez, las once, las tres, no tengo idea y no hay forma de averiguarlo.
Ambos se quedaron callados unos segundos.
—¿Así que te estabas masturbando? —rió.
Alberto la miró tratando de expresar enojo o incomodidad frente a esa pregunta. Actuó bien, Camilla le creyó.


—Que es esta mierda, llama a los forenses… —replicó Alfonso— ya tengo las ganas de escupirle a ese idiota en la cara, me da asco su maldita y perra obsesión.
—Claro, pero no tiene que ponerse así.
—¿Cómo que no? Este hijo de… puso todo esto con la intención que nosotros matáramos a esta mujer.
Gómez hizo las llamadas correspondientes para el caso. Los médicos no tardaron en llegar con sus elementos de investigación, y junto con ellos más policías para revisar el lugar.
—Un día ese idiota puede inspirarse y hacer un maldito ataque terrorista —dijo Alfonso con los ojos ardiendo en ira.
—Ahí nos despedirían —rió Gómez—. Además él elije a sus víctimas, debe ser un poco difícil seleccionar a todas las personas que morirán con ese supuesto atentado.
—Con paciencia todo se puede, además, apuesto que es toda una organización.
—Bromea, ¿no?
—Mira, el Jigsaw original está muerto, y eso te consta, ¿no es así?
—Claro…
—Bueno, esto lo hizo un aprendiz, un seguidor, un secuaz, o lo que sea.
—Yo diría que más de uno.
—Exacto, mientras nos enrollamos con esta desnudista pueden estar muriendo cinco tipos más dispersados por toda la ciudad.
—Y quizá por todo el país.
—De ese tipo me espero de todo, incluso toda una secta secreta, es demasiado astuto.
—O quizá no lo es tanto y le estamos atribuyendo de más.
—Me imagino que él quiere el caos.
—No sé, ahora no hace falta imaginación, todo es real.
—Claro, además, en una de esas hay más de diez muertos por culpa de ese hijo de perra antes de que nos hinchara las pelotas a nosotros con todo el asunto de Roa.
—Eso… —dijo con inspiración— deben haber pistas en las grabaciones anteriores, desde las que hizo escuchar a Roa, el tipo debió haberse adelantado hasta aquí.
—Tienes razón, revisaremos esas malditas grabaciones mientras tenemos a más del grupo investigando la ficha policial de esa tal Camilla, y a otros registrando la casa, y si es necesario, meteré al FBI más de lo que ya está entrometido.



En la sala comenzó a hacer frío, tanto Alberto como Camilla estaban tiritando. La mujer trataba de sacarse las cadenas a tirones, y Alberto la imitó para que no desconfiara de él. De repente, de un agujero en la pared, salió una luz de proyector que formó la imagen de una marioneta en la pared, ésta comenzó a hablar.
—Camilla, Camilla, Camilla. No tienes idea de todo lo que yo sé de ti, de los pecados que has cometido, y tu forma de desperdiciar tu vida, eso me hace pensar que quieres estar muerta, bueno, para eso estás aquí. En este momento tu vida está como un péndulo, de un lado la muerte, y del otro la salvación. Te daré dos horas para que averigües como salir de ahí antes de que las cadenas que te aprisionan te tiren y te partan por la mitad, como un chorizo. Eres la última de mi cadena, así que estás forzada a jugar un juego. Ah, por cierto, feliz cumpleaños —la marioneta guardó silencio, pero la grabación no cesó—. Y tú, Alberto, lujurioso hasta el punto de no poder más, apostaría que si tuvieras las oportunidades que tu compañera tuvo, la aprovecharías sin pensarlo dos veces. Ambos me repugnan, ambos son igualmente asquerosos, tal para cual, por eso morirán juntos… ustedes deciden.
Alberto miró a Camilla rápidamente, como queriendo preguntar quien realmente era ella.
—¿A qué se refiere con eso de los pecados, la lujuria, y las oportunidades que tú tuviste?
—No tengo idea —fingió tranquilidad— este sujeto está loco.
Alberto le lanzó nuevamente esa mirada, luego se puso impaciente y comenzó a buscar cosas que estuvieran a su alcance.



—Quien le hizo esto tenía o mucha fuerza, o no lo hizo solo —dijo uno de los forenses mientras cargaban el cuerpo para bajarlo.
—Eso se inclina para la teoría que son dos los secuaces —dijo Alfonso.
—No sé, yo diría que fue uno solo —respondió Gómez.
Alfonso no hizo caso al comentario y se quedó mirando como bajaban a la chica. De repente uno de los agente llama desde una de las habitaciones de la casa, Ambos policías se dirigieron hacia la habitación de Camilla para acudir a los gritos. En el cuarto había una cama de dos plazas, lo que hizo que tanto Alfonso como Gómez pensaran que Camilla estaba casada. Pero no se le confirmó nada hasta que el agente que los llamó les pasó unas fotos.
—Estaban escondidas entre los colchones de la cama.
Los agentes recibieron las imágenes y las examinaron. En ellas salía un hombre de aproximadamente veinticinco años teniendo sexo con un niño, parecía de cuatro años apeas, pero no lo podían confirmar, el rostro del menor en todas las fotos estaba tapado por una pintura negra.
—¿Qué mierda es esto? —preguntó Gómez.
—La prueba que faltó para que el juez declarara culpable a esa tal Camilla. Ella de verdad participó en actos sexuales contra menores —respondió el agente.
—Pero ella no sale en ninguna de sus fotos.
—Por eso son pruebas, alguien debió sostener esa cámara. Debo suponer que ese hombre es su esposo.
—O quizás ni siquiera se conozcan y Camilla sólo buscaba pornografía infantil por el Internet hasta toparse con esto —dedujo Gómez—, pero…
—¿Pero qué razones tendría la mujer para censurar la cara del menor?



Mientras tanto, Gómez y Alfonso tenían a unos especialistas revisando las cintas que Jigsaw le había legado a Roa:
—Buenas noches, detective Roa. No es entretenida la vida de un psicópata cuando no se tiene a millones de detectives tras sus huellas, bueno, Roa, me presento, soy el que trató de asustarte con lo de la bomba…
—Me imagino que estabas ocupado pensando en las pistas que te di en tu casa, pero te recomiendo que te dirijas a la casa de tu ex esposa, quizás ahí encuentres más pistas para agregar al árbol genealógico de las pistas. Y hazlo rápido, porque quizás ella no esté allí. Una vida corre peligro…
Los hombres revisaron todas las cintas de una vez, luego comenzaron a buscar detalles. En eso llegó Gómez y Alfonso luego de salir de la casa de Camilla sin haber encontrado algo más que las fotos.
—¿Hay algo? —preguntó Gómez.
—Aún no, justo ahora íbamos a revisar la primera cinta que le dejó a Roa —respondió uno de los especialistas.
—Bien, adelante —dijo Alfonso.
Los hombres rebobinaron la cinta y la comenzaron a escuchar de nuevo, esta vez le tomaron mucha más atención:
—Buenas noches, detective Roa. No es entretenida la vida de un psicópata cuando no se tiene a millones de detectives tras sus huellas, bueno, Roa, me presento, soy el que trató de asustarte con lo de la bomba, la llave no estaba muy escondida, sabía que saldrías de ahí, pero a veces las cosas no son tan simples…
—Hummm, retrocédela hasta el principio —dijo Gómez.
Los especialistas hicieron caso y rebobinaron la cinta:
—Buenas noches, detective Roa. No es entretenida la vida de un psicópata cuando no se tiene a millones de detectives tras sus huellas, bueno, Roa, me presento…
—No es entretenida la vida de un psicópata —repitió Gómez lentamente— cuando no se tiene a millones de detectives tras sus huellas.
—Qué pasa con eso —preguntó Alfonso.
—O sea, si lo escuchas, dice que no le entretiene hacer lo que hace mientras no corra el peligro de caer preso.
—¿Y?
—¿Cómo que “Y”? Seguramente él ya estuvo haciendo esto por mucho tiempo y nadie había encontrado los cuerpos, hasta que él se presentó con la misma policía, ¿no crees que es una muy buena cuartada?
—O sea, lo que creíamos es cierto.
—Exacto. Debemos capturar a su o sus secuaces y obligarlos a confesar el paradero de los otros cuerpos.
—E investigar desapariciones en tiempo récord.
—El tiempo récord déjaselo al FBI. Ellos son mejores…

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